
Tengo la certeza de que mis nuevos vecinos, una canadiense chillona y un francés nada guapo, me odian.
Estoy casi segura de que fueron ellos los que anoche plantaron un grillo histérico en una de las plantas de mi balcón como parte de una compleja y sutil venganza.
¿De qué otra forma llegaría un insecto así a un noveno piso?