
Odio acumular. Yo tiro todo, no sólo porque hay poco espacio de guardado, sino porque no me gusta tener cosas para recordar. Si la memoria hace sola su ejercicio, bienvenida. No quiero ayudarla con objetos.
Mi casa, según mi amiga parece un lugar en el que no vive nadie. No me gustan los adornos o los accesorios. Si no sirve, al tacho sin remordimientos.
Mi casa, según mi amiga parece un lugar en el que no vive nadie. No me gustan los adornos o los accesorios. Si no sirve, al tacho sin remordimientos.
Pero hace muy poco descubrí que hay algo que no puedo tirar. Tengo la sensación que ya podría decirle colección a mi conjunto de alambres cierratodo. Al principio los guardaba por si acaso, como se guardan las bolsas del mercado, por ejemplo. Pero con el tiempo se fueron acumulando y perdieron definitivamente su función original de por las dudas.
Disfruto desmedidamente cuando en algún pan lactal o paquete de galletas de arroz viene un color poco habitual (confieso que en el supermercado ya voy pispeando y a veces no elijo por precio o calidad). Mi predilecto es amarillo flúor porque tengo uno solo pero todos por igual tienen un lugar privilegiado en la heladera, les fabriqué un trono.
Disfruto desmedidamente cuando en algún pan lactal o paquete de galletas de arroz viene un color poco habitual (confieso que en el supermercado ya voy pispeando y a veces no elijo por precio o calidad). Mi predilecto es amarillo flúor porque tengo uno solo pero todos por igual tienen un lugar privilegiado en la heladera, les fabriqué un trono.
¿Habrá alguien que no tenga al menos una cosa inútil de la que no pueda deshacerse?.