
Decidí, quizás un poco tarde ( domingo 21:12 hr), dar una vuelta por el barrio chino. Quería si o si conseguir arroz yamaní para la cena. Llegué y todos los mercados estaban cerrados menos uno. Entré y descubrí una forma muy oriental que tienen de echar a la gente cuando quieren cerrar. Empiezan baldeando de atrás para adelante, avanzando por los pasillos, amenazantes con sus secadores en mano como si manejaran un Bo.
Desde la pescadería, que por lo general en este tipo de mercados está al fondo, el agua venía corriendo con olor a anguila por entre las góndolas. La parte de los arroces estaba adelante, cerca de las cajas registradoras y pensé que si hacía un rápido y ágil movimiento iba a llegar a agarrar una bolsita, pero dudé y ese fue mi más grave error. Empecé a sentir los pies mojados y el chino baldeador, dueño de su pasillo, me hizo una mirada en otro idioma que igual entendí. Supe que había perdido mi yè zhàn y que esa noche no cenaría arroz.
Desde la pescadería, que por lo general en este tipo de mercados está al fondo, el agua venía corriendo con olor a anguila por entre las góndolas. La parte de los arroces estaba adelante, cerca de las cajas registradoras y pensé que si hacía un rápido y ágil movimiento iba a llegar a agarrar una bolsita, pero dudé y ese fue mi más grave error. Empecé a sentir los pies mojados y el chino baldeador, dueño de su pasillo, me hizo una mirada en otro idioma que igual entendí. Supe que había perdido mi yè zhàn y que esa noche no cenaría arroz.