
Odio a mis new next door estentóreos vecinos extranjeros. Intento no prestar atención pero sus ruidos y olores se filtran en mi departamento, me siento atacada por debajo de la puerta, por el ventanal del balcón, por la ventanita de la cocina, por las paredes que deberían ser de treinta centímetros y tienen escasos quince. Sé qué desayunan y qué cenan (mucha carne, poco frito). Ayer a la mañana él hizo tostadas y recordé que cuando las hace otro huelen, sino no. Olí café también, pero del soluble.
No ando con ganas de saber que él se baña todos los días tipo ocho de la mañana, que más o menos día por medio tienen sexo alocado casi al lado de la puerta de mi cuarto, que prefieren despertarse con el sonido de la radio en vez del despertador y que la televisión les causa mucha, muchísima e inentendible gracia. La CNN en inglés es religión. No quiero saber que cuando ella llega hace un exquisito ruido con la llave sobre la cerradura, tres golpecitos y después entra. Por suerte sólo los escucho, nunca me los crucé en el palier ni quiero asomarme a la mirilla cuando sé que apagan la luz del living para salir. Me da pudor. Espero que sigan viaje pronto así puedo abandonar obligada este vouyerismo auditivo.
No ando con ganas de saber que él se baña todos los días tipo ocho de la mañana, que más o menos día por medio tienen sexo alocado casi al lado de la puerta de mi cuarto, que prefieren despertarse con el sonido de la radio en vez del despertador y que la televisión les causa mucha, muchísima e inentendible gracia. La CNN en inglés es religión. No quiero saber que cuando ella llega hace un exquisito ruido con la llave sobre la cerradura, tres golpecitos y después entra. Por suerte sólo los escucho, nunca me los crucé en el palier ni quiero asomarme a la mirilla cuando sé que apagan la luz del living para salir. Me da pudor. Espero que sigan viaje pronto así puedo abandonar obligada este vouyerismo auditivo.