domingo, 23 de marzo de 2008

microcentro

El restaurante es grande, de esos que parecen tenedor libre pero no lo son. Los techos son altos y la luz de tan blanca se ve azul.
La decoración nos hace presentir que comer ahí va a ser económico. Las mesas pegadas a las ventanas son las que primero se ocupan. ¿No deberían todos los restaurantes ser a lo largo para que el cien por ciento de las mesas den a una ventana y hacer que todos los comensales estén un poco más a gusto?. Aunque sé que una vez que viene la comida o bien la conversación se vuelve interesante, el lugar en el que uno pudo sentarse pasa siempre a un segundo plano. Igual estoy convencida de que el restaurante lineal podría ser un éxito.
Una vez que decidimos entrar buscamos afanosamente la mesa menos peor, la más alejada de otras ya ocupadas también sin convencimiento. En la mesa que nos toca en suerte todavía están los restos de la cena anterior. Veo la propina y me tienta la idea de robarla pero no lo hago.
Enseguida pasa el mozo, hace en su brazo una montaña inestable de platos sucios, tira las migas al piso esquivando nuestras piernas y deja en el mantel, dudosamente limpio, una panera llena de grisines.

2 comentarios:

Marty• • • • dijo...

Ya estoy jugando con mi imaginación, para dibujar en mi mente cómo sería un restó lineal...
quizá podría estar mirando a un inmenso verde, o por qué no a espejo de agua.
ay...me dieron ganas de ponerme a diseñar.
yo estoy segura que, como decís vos, sería un éxito.
Mis saludos

tomás dijo...

cuadros de mediodías, camisa y migas pan. como un barrilete, así me llevaste.