

Como si fuera lo que necesariamente tenía que pasar para que hubiese una coherencia total con el resto de las cosas de mi vida, llegamos después de recorrer unos 500 km. hasta la Casa del puente y no se podía entrar, no a la obra propiamente dicha sino a todo el parque en el que está emplazada. Un perro poco feroz custodiaba la propiedad pero haber intentado distraerlo y trepar el alambrado quizás hubiese sido demasiado peligroso.
Ahí, entre los árboles y pastizales, la casa, más chica y abandonada de lo que imaginaba. El resto decidí completarlo con las imágenes que guardo de ella en la memoria, intacta y perfecta, de la época en la que pasaba un arroyo por debajo y justificaba el hecho de que fuera una casa-puente.
La pág. de Amancio Williams
Acá. Él se carteaba con el mismísimo Le Corbusier. Transcribo un pedacito de cuando todavía no se conocían:
Buenos Aires, 23 de enero de 1946
Muy querido y gran maestro:
Quien le escribe es un hombre que usted no conoce y que conoce a usted a través de sus obras publicadas. Le escribe para agradecerle por todo lo que ha hecho por la humanidad y para él mismo.
Soy un hombre que, después de una infancia llena de alegría e imaginación, fue arrastrado por el torbellino de una sociedad decadente que no puede expresarse ni comprender nuestra época.