
Después de semanas de pesquisas descubrieron que era yo la que usaba la pasta de dientes de mis jefes después de cada almuerzo.
Procuraba abrir el tercer cajón del vanitory lo más silenciosamente posible y acomodar todos los elementos con una precisión milimétrica una vez cometido el crimen.
Pero me delaté cerrando el frasco de café soluble de la misma forma que cierro cualquier cosa a rosca.
Torcido-todo-siempre, soy la culpable.